Textiles haciendo paz

Texto original en ingles escrito por Christine Andrä

Christine Andrä (2020): Textiles Making Peace. In: Richmond O., Visoka G. (eds) The Palgrave Encyclopedia of Peace and Conflict Studies. Palgrave Macmillan, Cham. https://doi.org/10.1007/978-3-030-11795-5_125-1

Traducción al español de Antonia Mirella Arias (Medellín, Colombia)

Version en español publicada con permiso de Palgrave Macmillan.


Definición

Para examinar lo que los textiles y el hacer-textil pueden contribuir a los esfuerzos por la paz (peace efforts[1]), este capítulo plantea la pregunta: ¿en qué sentido puede decirse que los textiles hacen paz? Para la respuesta son usadas concepciones amplias de textiles, paz y hacer (making). Los textiles son estructuras de material flexible, hechas de fibras hiladas como hilo o lana, y trabajadas con técnicas que incluyen apliques, crochet, bordado, tejido, macramé, quilting y costura. La paz es entendida tanto negativamente, es decir, la ausencia de violencias físicas, estructurales, culturales y demás, al igual que positivamente, como la existencia de cooperación humana e integración social (Galtung 1964), en ambos casos es proceso y resultado, y un esfuerzo situado tanto en la alta política como en la vida diaria. El hacer es entendido en un sentido literal al igual que en uno figurativo: connota prácticas manuales de elaboración, construcción o creación de objetos y artefactos materiales, así también como actividades que contribuyen a lograr —hacer— la paz. Usando estas amplias concepciones de textiles, paz y hacer, el capítulo indaga las relaciones entre estos ámbitos desde distintos ángulos teóricos y a través de ejemplos empíricos tomados del Norte y Sur Global.

Introducción

¿Cuál es la relación entre textiles y paz? ¿Qué tanto puede el hacer-textil ser un tipo de hacer-paz (peace making) activo? A causa de su materialidad suave y flexible, y de la asociación del oficio de aguja (needlework) con el trabajo de mujeres, los textiles son habitualmente considerados inherentemente pacíficos, pero políticamente intrascendentes. Por las mismas razones, el oficio de aguja tiende a ser “considerado en no correspondencia con la vida intelectual” (Parker 2010, p. 214; cf. St Clair 2019, p. xii) y pasado por alto como tema de investigación en las ciencias sociales. Sin embargo, ninguno de estos supuestos resiste un escrutinio más cercano.

Los textiles están lejos de ser naturalmente pacíficos: Las banderas y los uniformes cumplen un papel dominante en la guerra y en las operaciones militares (Guillaume et al. 2015), y el hacer textil doméstico soporta extensamente prácticas violentas, en maneras materiales y simbólicas (Bryan-Wilson 2017: 10f.; Tidy 2019). Por lo tanto, no puede simplemente asumirse la capacidad de los textiles de una paz más extensa, sino que esta necesita ser descifrada y analizada. De hecho, hay diferentes maneras en que los textiles —pancartas, telones, bordados, guerrillas urbanas de tejido, quilts, cintas, mantas, historias de tela, arte textil, arpilleras y tejidos— han desafiado efectivamente distintas violencias y han propuesto alternativas no violentas. Los textiles son frecuentemente usados para protestar y resistir contra todo tipo de violencias, perpetradas por el Estado y demás. Documentar masacres, torturas y desapariciones forzadas en tiempo de guerra registra que los textiles son también medios para guardar y expresar información acerca de estos hechos (Andrä et al. 2019). El hacer-textil puede constituir una praxis artística, artesanal, económica, mnemotécnica o terapéutica para trabajar hacia la paz. En particular, el hacer-textil puede ser una forma de re-construir comunidades e identidades individuales y colectivas tras el conflicto.

Para pensar la relación entre textiles y paz y argumentar el potencial de los textiles para hacer-paz, tanto en un sentido literal como metafórico, este capítulo discute, en primer lugar, diferentes acercamientos teóricos a los textiles y a la política. Posteriormente, examina ejemplos históricos y contemporáneos de textiles que contribuyen a los esfuerzos por la paz en el Sur y Norte Global. En conclusión, el capítulo sugiere que el sentido de la relación entre textiles y paz requiere un compromiso no solo con múltiples perspectivas teóricas y ejemplos empíricos, sino también con prácticas de creación.

Textiles hacienda Paz, Fig. 1 Paz – Justicia – Libertad: Una arpillera hecha por una arpillerista anónima mostrando las protestas contra la dictadura militar de Pinochet, Chile, los años 1970 (Foto: C. Peck, (c) Conflict Textiles)

Textiles y paz: Acercamientos teóricos

Hasta ahora, el potencial de los textiles para contribuir a la paz ha recibido poca atención, tanto en la investigación sobre paz y conflicto, como en las disciplinas vecinas, sean la antropología, ciencia política y sociología. Los análisis existentes muestran el poder de los textiles en el activismo por la paz y por la justicia social (p.ej. Adams 2012; Agosín 2008; Wedderburn 2019), pero estos son pensados alrededor de ejemplos individuales y en su mayoría no ofrecen sistematización, mucho menos teorización, del potencial de los textiles en los esfuerzos por la paz. Motivados por la idea de que las imágenes y narrativas textiles sobre el conflicto y la guerra pueden ayudar a avanzar hacia la causa de la paz, algunos estudios examinan desde una perspectiva comparativa cómo los “tejidos de guerra” (Zeltin Cooke and MacDowell 2005), las “puntadas de guerra” (Deacon and Calvin 2014) y los “textiles de conflicto” (Andrä et al. 2019) representan, abordan y hablan de diferentes violencias. Sin embargo, su punto inicial para conceptualizar el poder de los textiles está enfocado en la violencia y no en la paz, y en vez de investigar, generalmente asumen la eficacia práctica de los textiles en el hacer-paz. A la luz de esta relativa escasez de conocimiento sobre textiles en el campo de la investigación sobre paz y conflicto, esta sección esboza algunos caminos teóricos posibles.

La literatura sobre textiles y hacer-textil en los estudios culturales y de historia del arte proporciona algunos puntos de inicio para pensar la relación entre textiles y paz. Por una parte, esta literatura hace énfasis en la naturaleza específica de los textiles, incluyendo sus “cualidades especialmente maleables” y su “capacidad de ser jaladas, forzadas y de resistir tensión” (Bryan-Wilson 2017, p. 5); en el hecho de que nuestros cuerpos sean constantemente tocados o envueltos por textiles como prendas y ropa de cama (St Clair 2019); y en los procesos y técnicas particulares por las cuales las fibras y telas son creadas y por los cuales se hacen los textiles (Parker 2010; St Clair 2010). Por otro lado, esta literatura es precavida en no generalizar el material y la naturaleza socio-cultural de los textiles, o su rol en los empeños políticos y sociales. En vez de esto, los estudiosos de los textiles apuntan a lo que Rozsika Parker llama el “doble sentido” de los textiles (Parker 2010, p. xix). Históricamente, los textiles y el hacer-textil han sido aprovechados por proyectos tanto conservadores como progresistas, y han sido “declarados […] hegemónicos al igual que contrahegemónicos” (Bryan-Wilson 2017, p. 3; cf. Adamson 2013). Por consiguiente, las teorizaciones sobre la relación entre textiles y paz necesitan dar cuenta del carácter material específico de los textiles, y de su doble sentido constituido social y políticamente.

A la luz de este doble sentido, una forma de pensar la relación entre textiles y paz es concebirlos como figurativos. El hacer-textil es hacer significado: las·os·es costureras·os·es “transforman materiales para producir sentido – rangos completos de significados” (Parker 2010, p. 6). Los textiles son “formas de comunicación” (Bryan-Wilson 2017, p. 4), narrativas visuales y táctiles, o “mensajeros de conocimiento” (Andrä et al. 2019). Siendo artefactos figurativos, los textiles, como la arpillera y el pañuelo bordado mostrados anteriormente, representan experiencias de violencia y esperanzas de paz. Los textiles comunican simultáneamente en “registros documentales, visuales y sensoriales” (Andrä et al. 2019, p. 3) y están “cargados de múltiples significados […] disponibles para un rango de lecturas e interpretaciones conflictivas” (Bryan-Wilson 2017, p. 4). La doble pregunta de cómo puede representarse la paz, y cómo estas representaciones pueden contribuir a la paz, está en el núcleo de la investigación sobre la paz visual (visual peace) (Möller 2020), la cual estipula teóricamente que, ya que las visualizaciones “son más amplias, menos directas y menos controvertidas que el texto”, estas pueden “ayudar a recuperar y procesar memorias traumáticas más fácilmente que el arte escrito u oral” y “proveer significados alternativos del compromiso con la sociedad” (Engelkamp et al. 2020, p. 13f.). Empíricamente, la investigación sobre paz visual ha encontrado que las visualizaciones de paz en pinturas, fotografías y películas evocan sobrecogedoramente visiones de paz negativa más que positiva (Engelkamp et al. 2020). La multiplicidad figurativa de los textiles abre paso a estos descubrimientos teóricos y empíricos; desafían a la investigación de paz visual a expandir el rango de artefactos y contextos que considera. Además, los múltiples registros textiles refieren que estos pueden verse “bonitos”, pero a la vez estar hechos de materiales ásperos y representar eventos violentos (Andrä et al. 2019, p. 6; cf. Becker 2004, p. 119; Hemmings 2011, p. 42). Al provocar una “memoria sensorial” (Hunter 2019, p. 94), los textiles podrían también ayudar a procesar las memorias traumáticas. Finalmente, aprovechando la plurivocidad del trabajo de aguja y su aparente linaje humilde, las representaciones textiles pueden sorprender a quienes las observan de maneras que no se dan con medios visuales más convencionales y, por consiguiente, tienen una capacidad especial de inducir cambios pacíficos en la acción y en el pensamiento (Andrä et al. 2019, p. 12).

El feminismo constituye otro recurso teórico para tratar de resolver las implicaciones del doble sentido de los textiles en su habilidad de contribuir a la paz. Parker, psicoanalista y estudiosa de los textiles, desarrolló de manera original sus conclusiones sobre el doble sentido de los textiles, analizando cómo el bordado históricamente ha sido para las mujeres “tanto un arma de resistencia como una fuente de represión. Ha fomentado la sumisión a las normas de obediencia femenina, y ha ofrecido medios prácticos y psicológicos para la independencia” (Parker 2010, p. xix). El hacer-textil, además de ser una tarea que exige tiempo, ha sido usualmente subestimada, trivializada, y frecuentemente empleada para oprimir a las mujeres. Sin embargo, también puede ser empoderadora y subversiva contra las relaciones de género opresivas. Por lo tanto, los textiles tienen el potencial de reproducir pero, de manera importante, también de deshacer ordenes estáticos, binarios y jerárquicos de género (Bryan-Wilson 2017, p. 19). Hasta la fecha, en tanto que la paz debe ser practicada también en términos de género (Confortini 2006), los textiles pueden contribuir a los esfuerzos por la paz al manifestarse contra la violencia sexual y de género, las relaciones desiguales y los discursos de género de la guerra, y también pueden ofrecer formas alternativas de intervención, socialidad y resistencia (Cole 2019; Garlock 2016). Finalmente, para explorar más completamente las afinidades teóricas entre la investigación feminista de paz y las perspectivas feministas de los textiles, estas también incluyen como punto de partida el rechazo del supuesto carácter pacífico inherente de las mujeres (Confortini 2006) y, en cambio, se enfocan en la (de-)construcción de las identidades y relaciones de género (Wibben et al. 2019).

La teorización sobre cómo los textiles hacen-paz también podría beneficiarse de los análisis interseccionales y decoloniales. Los estudios históricos del arte se han centrado en la creación interseccional de textiles, enmarcada en la división categórica entre el arte creado en la esfera pública, económicamente valorado y producido usualmente por hombres, y, por otro lado, las artesanías, sin un valor económico, hechas domésticamente, en su mayoría por mujeres. Cuando esta jerarquía fue instituida en la Gran Bretaña de los siglos XVIII y XIX, esto llevó a la marginalización de la “clase trabajadora […] o [de las] desaventajadas mujeres de clase media”, quienes constituían la mayoría de la fuerza de trabajo textil del país (Parker 2010, p. 5). En cuanto al trabajo textil contemporáneo, aunque la binariedad arte/artesanía puede haberse “más o menos deteriorado”, persisten las distinciones de clase, raza y género entre la “alta artesanía” de la esfera institucional […] y la “baja artesanía de los·as·es aficionados·as·es” (Bryan-Wilson 2017, p. 13f.). En tanto la investigación sobre paz se interesa cada vez más en el arte como un acercamiento de abajo a arriba (bottom-up) a la construcción de paz (peacebuilding) (Premaratna and Bleiker 2016), podría parecer sencillo incluir textiles bajo este programa de investigación emergente, concibiéndolos como arte al servicio de la paz (p.ej., Adams 2013; Wedderburn 2019). Una conceptualización de los textiles como arte/artesanía ofrece un útil contrapeso, recalcando cómo la intersección de clase, género, raza y sexualidad llega a tener importancia en el arte como un acercamiento a la paz.

Una perspectiva decolonial de los textiles y la paz podría comenzar entendiendo cómo “las distintas historias de producción, uso y significado” de los textiles se han desarrollado en el colonialismo y la colonialidad (Hemmings 2011, p. 42). Los textiles “condicionaron las relaciones entre colonizador·a·e y colonizado·a·e”, no solo en un sentido material y económico, sino también a través de un marco racializado del hacer-textil como artesanía, y por tanto “estático, atrapado en la tradición”, con la necesidad de una mejora iluminada (Adamson 2013, p. xvii; cf. Bryan-Wilson 2017, p. 10). Además, los textiles como “subalternos al mundo del arte”, pueden asumir también “una inesperada posición de poder” (Hemmings 2011, p. 41 f.). En el contexto de violencias de colonialismo y colonialidad, el doble sentido de los textiles lleva a que estos puedan ser usados tanto para crear, como para romper relaciones y contextos coloniales. Un ejemplo de esto son los uniformes y los vestidos largos del movimiento Ovaherero Otruppe en Namibia: a través del uso de colores y de simbolismo, las prendas asimilaban formas y prácticas textiles introducidas por los misioneros Renanos en el siglo XIX, y reivindicaban la identidad Ovaherero en el crecimiento de la norma colonial Alemana y del genocidio de los grupos Ovaherero y Nama por parte de los Alemanes en 1904 (Hendrickson 1996; Naughten 2013). Las futuras investigaciones podrían considerar cómo los textiles y el hacer-textil contribuyen a una paz decolonial al constituir un “archivo poscolonial” (McEwan 2003), que contribuye a trasponer el “paradigma de la guerra y la diferencia” (Ndlovu-Gatsveni 2015), o al fortalecer la agencia de los sujetos reales de la paz, en contraposición a la racionalidad universalizadora de las intervenciones externas (Jabri 2013).

En el tipo de hacer-paz cotidiano que se sugiere (Mac Ginty 2014), los textiles también pueden tener importancia en términos de su materialidad. Esto incluye “de qué están hechos y cómo están diseñados”, al igual que “los contextos específicos de su uso” (Woodward 2020, p. 19). En estos contextos, la materialidad de los textiles puede tomar sentido en términos de entrelazamientos o recopilaciones, o al considerar la vida social de los textiles (Hendrickson 1996). En particular, la investigación sobre la materialidad de los textiles se enfoca en sus relaciones afectivas y personificadas. Acompañando esta línea, se ha mostrado que el hacer textil colectivo entre las víctimas de conflictos violentos incentiva a formas encarnadas y afectivas de compartir, escuchar, y en ocasiones incluso a recuperarse de emociones dolorosas y debilitadoras (Bello Tocancipá y Aranguren Romero 2019), a través de la materialidad texturizada y templada del hilo, tejido y tela. Aunque sus “especificidades materiales” pueden sugerir que los textiles tienden a promover la paz, sus relaciones materiales siempre dependen de cómo son “usadas y recibidas” (Bryan-Wilson 2017, p. 28 f.). De esta manera, los textiles pueden agregar una dimensión que da complejidad a la investigación sobre el rol de las experiencias encarnadas, afectadas y vividas en la construcción de paz (Berents 2015; Väyrynen 2019). 

Finalmente, el hacer textil puede ser una forma creativa y activa de hacer-paz. Generalmente, el “hacer” constituye una manera no intelectual de comprender y comprometerse con el mundo, con otros y con una·o·e misma·o·e. Como el sociólogo David Gauntlett (2018) argumenta, “hacer es conectar”: al crear cualquier artefacto u objeto nuevo, tenemos que conectar ideas y materiales existentes, conectar con personas y con nuestros alrededores. Desde una perspectiva psicoanalítica, el hacer también “afirma el sí mismo como un ser con agencia, aceptabilidad y potencia” (Parker 2010, p. xx; cf. Hunter 2019, p. 49). El hacer textil puede ser, no únicamente un medio para “encontrar la manera de pensar” (Parker 2010, p. xx), sino que también puede constituir por sí mismo dicha manera: “una vez somos tácitamente familiares con la práctica, el movimiento [del hilo y la aguja] se vuelve por sí mismo una manera de pensar” (Bello Tocancipá y Aranguren Romero 2019, p. 194). Como una forma de comprensión y relación, el hacer textil es también político: tomar “textilar (textile) como un verbo transitivo,” “textilar la política es rechazar los binarios fáciles, reconocer las complicaciones: texturizadas como desiguales, pero también […] como tangiblemente trabajadas, que retienen partes de esa labor” (Bryan-Wilson 2017, p. 31). El hacer textil ha sido usualmente empleado al servicio de la guerra (Tidy 2019), pero como muestran el movimiento sufragista de las décadas de 1900 y 1910, los movimientos activistas de paz de los años 70 y 80 y los·as·es artesanos·as·escontemporáneos·as·es, el hacer textil puede también comprometerse como una práctica diferente y más pacífica de hacer política (Greer 2014; Parker 2010). En las situaciones de post-conflicto, el trabajo con aguja puede servir para rehacer sentidos personales de ser individual, y el tejido social de las comunidades (Bello Tocancipá y Aranguren Romero 2019; Garlock 2016). Por tanto, los estudios de paz y conflicto pueden, no solo analizar los textiles como fuentes primarias textuales, visuales y materiales (Adams 2018; Andrä et al. 2019; Doolan 2019; McEwan 2003), sino también usar el hacer-textil como un método de investigación participativo, investigando no solo sobre sino también con las víctimas y perpetradores de violencia (Andrä y Bliesemann de Guevara 2019; Bliesemann de Guevara y Arias López 2019; Bello Tocancipá and Aranguren Romero 2019).

Textiles haciendo paz, Fig. 2 Un pañuelo bordado por Bordando por la Paz protestando la desaparición forzada de Cispín Frías Guardado, Mexico, 2016 (Foto: D. House (2019: 139))

La paz a través de textiles: ejemplos empíricos

De los muchos textiles que hacen la paz, esta sección discute algunos ejemplos para ilustrar las tendencias teóricas esbozadas anteriormente: textiles que han jugado un rol en los mecanismos oficiales del post-conflicto; las formas tradicionales de textiles que fueron adaptadas y empleadas en las luchas por la paz; ejemplos colectivos y transnacionales de hacer-textil por la paz; y las interpretaciones textiles de una pieza famosa de arte anti-guerra.

Los textiles han desempeñado un papel en mecanismos oficiales de post-violencia. En Canadá, el Proyecto de Quilting Sanación Viva (Living Healing Quilt Project) inició en respuesta a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de los Internados Indígenas, y posteriormente ganó el respaldo de la comisión. El proyecto estaba constituido por trabajos de quilt que fueron creados individualmente por supervivientes de las escuelas residenciales, las cuales buscaban que los·as·es niños·as·es indígenas asimilaran la cultura Canadiense. A partir de esto, se ensamblaron tres quilts —“Escuelas de la vergüenza (Schools of shame)”, “Niños prisioneros (Child prisoners)” y “Crímenes contra la humanidad (Crimes against humanity)”— que luego viajaron con la comisión mientras reunían testimonios orales (Robertson 2009). En Perú, las mujeres indígenas del colectivo Asociación Kuyanakuy dieron testimonio a la Comisión de la Verdad y Reconciliación a través de la arpillera “Ayer-Hoy”. Esta arpillera documentaba las experiencias de sus creadoras del conflicto armado entre los militares y Sendero Luminoso; fue presentada ante la Comisión, y posteriormente también fue usada en una “vigilia en frente a la puerta del Tribunal de Justicia” (Franger 2014, p. 113f.) (Fig. 3). En Sudáfrica, el proyecto Voces de Mujeres (Amazwi Abesifazane) respondió a los límites y exclusiones de la Comisión de Verdad y Reconciliación, cuyo proceso estaba enfocado únicamente a ciertos tipos de violencia; el proyecto documentó las experiencias de la violencia del apartheid por parte de las mujeres indígenas, en miles de telas bordadas con memorias, piezas que fueron posteriormente exhibidas en Sudáfrica y otros lugares del mundo (Becker 2004). Como muestran estos ejemplos, para los·as·essupervivientes cuyas experiencias de violencia no serían escuchadas de otra forma en los mecanismos oficiales de post-violencia —mujeres, indígenas y otros grupos marginalizados—, los textiles pueden ofrecer un lenguaje alternativo para dar testimonio y hacer escuchar sus voces.

Textiles hacienda Paz, Fig. 3 Mujeres de la Asociación Kuyanakuy muestran la arpillera “Ayer-Hoy” delante del edifico en Pamplona Alta donde la Comisión de la Verdad y la Reconciliación donde la comisión organizó una de sus audiencias oficiales, Peru, 2002 (Foto: G. Franger)

Más allá de los mecanismos oficiales, las personas han adaptado formas y prácticas textiles tradicionales en la búsqueda de paz. En Chile, las arpilleras —tapices, usualmente hechos por mujeres, con apliques y bordados que muestran escenas rurales mundanas— son una artesanía textil “tradicional” que, durante el régimen de Pinochet, fueron convertidas en artesanías “disidentes” (Voionmaa Tanner 2012, p. 9) (Fig. 4). Familiares de las víctimas de la dictadura militar cosieron arpilleras para registrar y denunciar secuestros, torturas, asesinatos y privaciones económicas. Sacadas del país como contrabando y vendidas por grupos de solidaridad internacionales, algunas de estas arpilleras llevaron sus mensajes a audiencias internacionales y permitieron un ingreso para las personas que las crearon (Adams 2013; Agosín 2008). En el sudeste de Asia, los phra pra vet de los·as·es Hmong son prendas con historias intrincadamente bordadas que muestran, no solo “relatos tradicionales” y la “vida diaria y ceremonial de los·as·es Hmong”, sino también sus “experiencias de guerra, migración y reubicación” (MacDowell 1991). Los·as·es Hmong son un grupo étnico de China que fue desplazado durante el siglo XIX a Vietnam, Laos y Tailandia, y posteriormente fueron de nuevo desplazados por la Guerra de Vietnam y la Guerra Civil Laosiana (Hamilton 2019, p. 577). Originalmente, las mujeres Hmong bordaban adornos abstractos y decorativos para ropa y vestuarios (paj ntaub). Más adelante, tras la segunda ola de desplazamiento, en los campos de refugiados en Tailandia y en Estados Unidos, las mujeres y hombres Hmong comenzaron a bordar prendas con historias visuales para registrar sus experiencias y compartirlas con otras personas (Craig 2010; Hassell 1984). Hoy, las arpilleras y los phra pra vet continúan su lucha por la paz. Se presentan en exhibiciones alrededor del mundo, parte de colecciones públicas o privadas, enseñan a audiencias siempre nuevas acerca de la miseria que la guerra y otras violencias causan (Andrä et al. 2019; Doolan 2019), y nuevas generaciones de activistas usan textiles del estilo de las arpilleras como medios táctiles y visuales para comunicar y protestar contra nuevas violencias en Chile, México y otras partes del mundo (Nowell, 2020; Pardo 2017).

Textiles haciendo paz, Fig. 4 Hay Golpe de Estado: Una arpillera hecha por una arpillerista anónima mostrando el bombardeo de La Moneda, Chile, el 11 de septiembre de 1973, Chile, 1989 (Foto: M. Melaugh, (c) Conflict Textiles)

El hacer-textil puede llegar a ser un proyecto transnacional que busque trabajar por la paz. En agosto de 1985, miles de paneles, cada uno bordado, con apliques, trabajados en quilt, tejidos o pintados, fueron atados para formar una Cinta de Paz (Peace Ribbon) que abarcaba quince millas, desde el Capitolio de los Estados Unidos, a lo largo de la Explanada Nacional, y una vez alrededor del Pentágono (Figs. 5 and 6). La cinta fue un “modo de comunicación”, a través del cual sus creadores·as, en su mayoría mujeres de Estados Unidos y del resto del mundo, protestaron contra la carrera armamentista nuclear (Pershing 1996, p. 3). La Cinta de Paz ejemplifica el doble sentido de los textiles: las connotaciones de género del medio textil de la cinta conllevarían a que esta no se viera “amenazador” para sus creadores·as y para la audiencia, lo que “posibilitó para los·as·es participantes hacer una declaración pública sobre la política de armas nucleares” pero que “finalmente, tuvo el efecto de limitar el impacto inmediato del evento en un nivel gubernamental” (Pershing 1996, p. 3; cf. Hunter 2019, p. 141). Otro ejemplo de hacer textil enfocado en la paz, colectivo y transnacional, es el proyecto en curso desde el 2011 Bordando por la Paz y la Memoria. Este proyecto consiste en una serie de pañuelos blancos de algodón, donde se han bordado los detalles individuales de las personas desaparecidas y asesinadas en el contexto de la “guerra mexicana contra las drogas”, el proyecto busca “registrar cada persona que ha sido asesinada”, “provocar indignación” en el público general, y “crear un monumento ciudadano” (House 2019, p. 138). Los pañuelos son bordados en escenarios públicos de México y de otros lugares, y el proyecto es un ejemplo de cómo el hacer-textil puede ser una forma de re-hacer conexiones, comunidades y mundos sociales (House 2019, p. 146 f.).

Textiles hacienda paz, Fig. 5 Panel de la Cinta de Paz (Foto: L. Cole)
Textiles hacienda paz, Fig. 5 Panel de la Cinta de Paz (Foto: L. Cole)

Una de las pinturas anti-guerra más icónicas del siglo XX, el Guernica de Pablo Picasso, ha sido reelaborado en textiles múltiples veces. Una versión en un tapiz tejido, hecho por las artistas Jacqueline y René de la Baume Dürrbach en 1955 y aprobado por el mismo Picasso, está colgado justo fuera de la cámara del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; captó la atención global cuando fue cubierto por una conferencia de prensa en 2003, en la que Colin Powell argumentó la necesidad de la guerra en Irak liderada por los Estados Unidos (Ashmore 2017). Otras réplicas textiles del Guernica fueron creadas colectivamente por organizaciones de comunidades y activistas. Un tapiz hecho por el Proyecto de Arte Keiskamma (Keiskamma Art Project) en 2009 y 2010 adapta las imágenes del Guernica para expresar el impacto del VIH/SIDA en la población sudafricana rural y la oposición de los·es·as creadores·as del tapiz a la falta de acción del gobierno Sudafricano al respecto (Ashmore 2017, p. 390; cf. Wedderburn 2019). 

Otras reelaboraciones textiles del Guernica incluyen una pancarta hecha por activistas·es Británicos·as·es (Ashmore 2017), una arpillera cosida por la hija de padres que vivieron el bombardeo del pueblo vasco de Guernica en 1937 (Conflict Textiles 2020), y una instalación 3D hecha por la guerrilla textil de crochet Italiana Sul Filo dell’Arte. Colectivamente, estas reelaboraciones textiles complican el entendimiento binario del arte/artesanía al servicio de la paz, y muestran el poder de los textiles “para hacer una declaración en oposición a aquellos·as·es en el poder que priorizan sus propias agendas en detrimento de los·as·es civiles” (Ashmore 2017, p. 379f.).

Textiles haciendo paz, Fig. 7 Bordando por la Paz y la Memoria bordando pañuelos en un espacio publico, Mexico, 2016 (Foto: D. House (2019: 141))

Resumen

Este capítulo aporta a la investigación sobre paz y conflicto puntos iniciales tanto teóricos como empíricos, que permiten comenzar a pensar la relación entre textiles y paz. Una idea (thread) que ha recorrido el capítulo ha sido que los textiles pueden, figurativa y literalmente, ayudar a hacer la paz. El hacer-textil puede ser una manera de hacer paz, en su actividad de hacer/dar significado; como una práctica material, afectiva y personificada; y como un hacer creativo y activo. Por tanto, para pensar la relación entre textiles y paz los acercamientos teóricos y los ejemplos empíricos llegan solo hasta cierto punto. Lo que se necesita es, no solo una apreciación de los textiles y de la paz como un tema de investigación, sino también un compromiso práctico con el hacer-textil como una forma de pensar distinta.


Este texto surge del trabajo internacional colaborativo “(Des)tejiendo miradas sobre los sujetos en proceso de reconciliación en Colombia / (Un)Stitching the subjects of Colombia’s reconciliation process”, financiado conjuntamente por el consejo de investigación Colombiano Colciencias (referencia del proyecto P44842-282-2018), y el Fondo Británico Newton (British Newton Fund) (referencia del proyecto AH/R01373X/1), ejecutado por la Universidad de Aberystwyth, Reino Unido, la Universidad de Antioquia, Colombia, y la Asociación de Víctimas y Sobrevivientes del Nordeste Antioqueño, Colombia.


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[1] Los términos que no tienen un referente directo al español se pondrán entre paréntesis solo la primera vez que aparezcan en el texto; si vuelven a aparecer, se utilizará solamente la traducción escogida al español.


Christine Andrä trabaja como investigadora pos-doctoral en la Universidad de Dresden, Alemania. Tiene un PhD en política internacional con una tesis sobre la genealogía de la problematización de la guerra en procesos posconflicto desde el siglo XIX (Universidad de Aberystwyth). Christine fue asistente pos-doctoral de investigación del proyecto (Des-)Tejiendo Miradas. Es autora de este capítulo escrito como parte de su trabajo en el proyecto.

Antonia Mirella Arias es una mujer colombiana de 19 años, estudiante de Filosofía en la Universidad de Antioquia y Matemáticas en la Universidad Nacional de Colombia. Le apasionan los idiomas y la filosofía política, así como el bordado, desde una exploración íntima y académica. Esta exploración le ha acercado a experiencias que incluyen el hacer textil como lenguaje y práctica con sentido político, para comprender su país y su historia.

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